Hace cuatro años en Austin, Texas, en un toque de punk adolescente presentando a la banda Cat Scratch, donde ninguno de sus asistentes parecía suficientemente mayor para manejar había en la audiencia una chica de 13 o 14, usando un corte desordenado, lentes nerd de marco negro y un parche en su chaqueta en el que se leía Cheer up emo kid.
Para los geeks de la música en los treintaitantos que estaban en el show, el parche les parecía adorable y los dejaba perplejos en la misma proporción. En la manera en que el modo de vestir y la subcultura de esta muchacha debería ser de sus padres. En cambio, para los melómanos que experimentaron el emo en su primera encarnación hace muuucho tiempo en los 80s, la confusión era: ¿Cómo un pequeño chico sabe de emo, y cuándo exactamente emo se convirtió en una ofensa?
Cuatro años antes el término emo, y las bandas etiquetadas emo como Jimmy Eat World y Fall Out Boy estaban lejos de las escenas musicales oscuras y las páginas de la revista Teen People. Y los adultos —tanto padres como melómanos— están más confundidos que nunca. ¿Es emo un tipo de música? —y sí es así en qué se diferencian del punk sus guitarras estridentes y letras para torcer las tripas?— ¿Es emo una moda? —Y sí es así que hace diferente su cabello negro, los múltiples piercings y el maquillaje del estilo gótico?— ¿Y qué carajo significa emo en todo caso?
La respuesta es ésta: Emo significa diferentes cosas para diferentes personas. Abreviación para “emotivo” o “emocional” (dependiendo de a quien le pregunte), el emo descrito como un fenómeno amorfo enfurece a los fieles a su versión. Pero como ya sabemos en el virus de mutación constante que es la Cultura Pop Gringa, esos son los hechos. Y esto explica el por qué.